Cuando el PIB crece, pero Hacienda no lo siente: por qué la recaudación de renta e IVA sigue cayendo en Costa Rica
Costa Rica vive un fenómeno que tensiona la lógica económica tradicional: la producción aumenta, pero los ingresos fiscales disminuyen. Desde una perspectiva contable-fiscal, esto implica que la actividad económica no está generando nuevas bases imponibles gravables, lo que erosiona la capacidad del Estado para financiar servicios esenciales y reducir la deuda.
El más reciente Análisis Trimestral de la Economía del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas (IICE-UCR) proyecta que el 2025 cerrará con un crecimiento del PIB entre 4,33% y 4,58%, uno de los más altos de la región. Sin embargo, esta expansión no se traduce en más recursos para Hacienda: los ingresos del Gobierno Central disminuyeron en 0,5 puntos del PIB entre 2024 y 2025.
Esta paradoja exige mirar más allá del PIB y analizar cómo se distribuye el crecimiento entre sectores, qué impuestos están asociados a esas actividades y cómo se comportan los contribuyentes del Régimen Definitivo, que son quienes realmente sostienen la recaudación.
Un crecimiento desigual que no se transforma en ingresos tributarios
El dinamismo del 2025 proviene casi exclusivamente del Régimen Especial (Zonas Francas), donde empresas exportadoras operan con exenciones de renta y beneficios en IVA sobre sus procesos productivos. Este sector crecerá alrededor de 14,9%, impulsado por tecnología, manufactura avanzada y servicios especializados.
Por el contrario, el Régimen Definitivo, que incluye cerca del 85% del empresariado nacional y constituye la base real de recaudación, apenas crecerá 2,7%. Desde el análisis fiscal, esto implica:
- El crecimiento del PIB proviene de actividades exentas, por lo que no generan impuesto sobre la renta.
- Las compras, ventas y servicios del sector dinámico no amplían la base del IVA.
- La actividad interna (comercio, industria local, servicios regulados) crece poco y no genera aumentos significativos en valor agregado gravable.
En otras palabras, el crecimiento económico está ocurriendo fuera del sistema tributario, lo que explica por qué Hacienda no percibe una mejora.
Indicadores tributarios: señales de debilidad en la base gravable
Los principales impuestos muestran un deterioro simultáneo:
- Impuesto sobre la Renta: –0,42 p.p. del PIB.
- IVA: –0,26 p.p.
- Combustibles y consumo: también a la baja.
- Propiedad: único tributo con ligero aumento (+0,05 p.p.), insuficiente por su bajo peso relativo.
Desde la óptica contable, esto refleja:
- Menor volumen de ventas gravadas.
- Utilidades más estrechas en sectores locales.
- Consumo con preferencia por bienes no duraderos (menor aporte al IVA).
- Una estructura económica donde el crecimiento ocurre donde la carga tributaria es marginal o inexistente.
Esto debilita la elasticidad fiscal: cada punto de crecimiento del PIB genera menos ingresos tributarios.
Ajuste por el gasto: equilibrio que depende de variables volátiles
La caída en los ingresos (15% del PIB) obligó al Gobierno a contener el déficit en 2,4%, principalmente reduciendo el gasto:
- Inversión pública: –0,31 p.p.
- Remuneraciones: –0,48 p.p.
- Transferencias: –0,48 p.p.
Este patrón, aunque efectivo en el corto plazo, presenta riesgos importantes:
- Menor inversión pública limita el crecimiento futuro, especialmente en infraestructura y educación.
- Reducciones en remuneraciones y transferencias pueden afectar la calidad de los servicios públicos.
- La sostenibilidad depende de variables muy sensibles como inflación, precios internacionales, desempeño exportador y tipo de cambio.
Con la deuda del Gobierno Central aún cercana al 60%, el margen de maniobra sigue siendo estrecho.
Factores que añaden incertidumbre al futuro fiscal
1. Riesgos externos: la política comercial de Estados Unidos
Un ajuste en los aranceles puede afectar directamente a las empresas de Zonas Francas, que son el motor actual del crecimiento. Una desaceleración en este sector reduciría empleo, exportaciones y producción, sin necesariamente aumentar los ingresos tributarios, puesto que el régimen es en gran parte exento.
2. Riesgos internos: consumo cauteloso y menor inversión
El consumo crece en servicios y bienes de uso inmediato, pero cae o se estanca en bienes duraderos (vehículos, línea blanca, maquinaria). Esto tiene efectos contables directos:
- Menor recaudación de IVA e impuestos específicos.
- Menor depreciación y deducciones futuras, reduciendo bases imponibles de renta.
- Menos rotación de inventarios y menor utilidad gravable.
En un año preelectoral, la inversión privada tiende a posponerse, lo que genera un efecto arrastre sobre la base tributaria de los siguientes períodos.
Conclusión: un crecimiento desconectado de la tributación no resuelve la fragilidad fiscal
El 2025 confirma que un PIB robusto no basta para garantizar estabilidad financiera del Estado. El país necesita que el crecimiento se distribuya de forma más equilibrada entre ambos regímenes productivos y que una mayor parte del valor agregado nacional realmente entre al sistema tributario.
Si la estructura económica continúa generando valor en sectores exentos mientras el tejido empresarial tradicional se mantiene débil, la recaudación seguirá desacelerándose pese al crecimiento del PIB.
Para corregir esta tendencia, el debate económico deberá centrarse en:
- Incentivos para fortalecer al Régimen Definitivo.
- Revisión técnica de exoneraciones bajo criterios de costo-beneficio.
- Mejora de la productividad de sectores locales.
- Estrategias fiscales que amplíen la base imponible sin perder competitividad.
Jorge Gutiérrez Guillén, CPA Socio Fundador | JGutierrez Auditores Consultores S.A. Costa Rica | 🌐consultoresjg.com +506 2552-5433 | +506 8811-5090 [email protected]
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