Gobernabilidad política y riesgo país en Costa Rica: cuando la estabilidad institucional vuelve a importar

Costa Rica abre un nuevo ciclo político con un elemento que los mercados financieros valoran en particular: la gobernabilidad. La elección de Laura Fernández y el resultado legislativo que otorga a su partido una mayoría clara en la Asamblea Legislativa han sido interpretados, más allá del debate ideológico, como una señal institucional relevante. En economías pequeñas y abiertas, la estabilidad política no es un accesorio del análisis macroeconómico; es un determinante directo de la percepción de riesgo país.

Durante años, uno de los principales factores de cautela sobre Costa Rica ha sido la fragmentación política y la dificultad que ello conlleva para ejecutar reformas estructurales. El nuevo escenario, de mayoría simple amplia, aunque no calificada, reduce la probabilidad de bloqueo sistemático y aumenta la capacidad de avanzar en agendas sensibles: el manejo del endeudamiento, las emisiones de eurobonos, la disciplina fiscal y las reformas administrativas. Para los inversionistas, esto se traduce en menor incertidumbre política y mayor previsibilidad en la toma de decisiones.

Este cambio en la lectura ya se refleja en el análisis de mercado. Bancos de inversión globales como Morgan Stanley han ajustado el tono sobre la deuda soberana costarricense, destacando que la nueva correlación de fuerzas mejora el equilibrio de riesgos. Conviene precisar: estas no son calificaciones oficiales, sino opiniones de posicionamiento que suelen anticipar movimientos más formales. En la práctica, los bancos de inversión leen primero lo que las agencias confirman después.

Aquí es clave una distinción técnica. La percepción de mercado y la calificación soberana no son equivalentes. Las notas vigentes emitidas por Moody’s Investors Service, S&P Global Ratings y Fitch Ratings se mantienen, por ahora, por debajo del grado de inversión, aunque con mejoras y perspectivas más favorables acumuladas durante 2025. Las elecciones, por sí solas, no cambian una nota; la ejecución sostenida sí. En riesgo soberano, la política es un insumo; los resultados, la variable decisiva.

El desafío del nuevo gobierno es convertir capital político en hechos verificables: superávits primarios consistentes, reducción del peso de la deuda sobre el PIB, respeto a la regla fiscal, fortalecimiento institucional y seguridad jurídica. Si estos elementos se consolidan, las agencias tendrán fundamentos para revisar la calificación al alza. Si no, el impulso inicial se diluirá en la cautela habitual de los mercados.

En síntesis, el mensaje que enviaron las urnas trasciende la coyuntura electoral. Al otorgar gobernabilidad, Costa Rica redujo una prima de riesgo implícita que la ha acompañado durante años. Los mercados han tomado nota con prudencia, pero con interés. Ahora, la estabilidad institucional vuelve a importar y a valer en la conversación financiera internacional. En economía política, la credibilidad no se declara: se construye con la ejecución.

Fuentes de referencia

  • Morgan Stanley – Comentarios y análisis de mercado sobre la deuda soberana de las economías emergentes.
  • Moody’s Investors Service – Calificación soberana de Costa Rica: Ba2, con perspectiva estable.
  • S&P Global Ratings – Calificación soberana de Costa Rica: BB, con perspectiva estable.
  • Fitch Ratings – Calificación soberana de Costa Rica: BB, con perspectiva positiva.
  • Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) – Resultados oficiales de las Elecciones Nacionales 2026.
  • Trading Economics / Medios económicos regionales – Consolidación de calificaciones y reacción de los mercados.

Jorge Gutiérrez Guillén, CPA
Socio Fundador
JGutierrez Auditores Consultores S.A.
Costa Rica
🌐 https://consultoresjg.com

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