La economía de Costa Rica crece… pero Hacienda recauda menos. El rompecabezas del PIB, las zonas francas y la informalidad
Costa Rica cierra el 2025 con un crecimiento económico que, en cualquier otro contexto, sería motivo de celebración. Las proyecciones indican que el Producto Interno Bruto crecerá entre un 4% y un 5%, una cifra sólida y superior al promedio de los años recientes. Sin embargo, este buen desempeño no se traduce en una mejora equivalente de las finanzas públicas. Por el contrario, la recaudación tributaria del Gobierno Central se ha debilitado. Esta aparente contradicción no es casual ni coyuntural; responde a la forma en que está creciendo la economía y a quiénes realmente participan de ese crecimiento.
El PIB es una medida que cuantifica lo que produce un país en un período determinado. Incluye el valor de los bienes y servicios generados en el territorio nacional, sin distinguir si quienes los producen pagan muchos, pocos o ningún impuesto. Por esa razón, un PIB alto no garantiza automáticamente una mayor recaudación. El PIB mide la actividad económica; los impuestos dependen de la estructura tributaria y de quiénes están dentro del sistema formal.
En Costa Rica, el crecimiento actual ocurre a dos velocidades muy distintas. Por un lado, está el Régimen Especial de Zonas Francas, conformado principalmente por empresas exportadoras, multinacionales de manufactura avanzada y de servicios tecnológicos. Este sector es hoy el motor principal del crecimiento económico y registra tasas de crecimiento anuales cercanas al 15%. Su aporte al PIB es innegable, así como su importancia en la generación de empleo y en los encadenamientos productivos. Sin embargo, por disposición legal, estas empresas gozan de amplias exoneraciones fiscales, especialmente del impuesto sobre la renta y del IVA, por lo que su contribución directa a la recaudación es limitada.
Por otro lado, se encuentra el Régimen Definitivo, en el que opera la gran mayoría de las empresas nacionales, comercios, profesionales independientes y trabajadores asalariados. Este es el verdadero músculo tributario del país, pues de aquí proviene la mayor parte del impuesto sobre la renta, el IVA y las cargas sociales. El problema es que este segmento de la economía crece mucho más lentamente, apenas entre 2% y 3%. Así, el país crece en promedio, pero el crecimiento se concentra principalmente en los sectores que no pagan impuestos, mientras que el sector que sí sostiene a Hacienda avanza con debilidad.
A esta realidad se suma un tercer factor estructural que no puede ignorarse: la informalidad. Una proporción cercana a la mitad de los trabajadores en Costa Rica se encuentra en condiciones informales. Se trata de personas y pequeños negocios que generan ingresos reales, consumen y sostienen hogares, pero que no están inscritos ante Hacienda, no facturan IVA, no declaran renta y, en muchos casos, tampoco cotizan a la Seguridad Social. Esta actividad económica existe, pero es invisible para el sistema tributario.
En muchos casos, la informalidad no responde a una intención deliberada de evadir impuestos, sino a barreras reales a la formalización. Trámites complejos, cargas económicas elevadas y márgenes de ingreso muy estrechos hacen que formalizarse resulte poco viable para actividades de subsistencia. El resultado es una economía que se mueve, pero no amplía la base imponible.
Cuando se combinan estas tres realidades, el resultado es claro. El PIB crece impulsado por sectores exonerados y por la actividad informal, mientras que la economía formal tradicional, que sí paga impuestos, crece poco. Por eso se observa una caída en la recaudación del impuesto sobre la renta, del IVA y de otros tributos relevantes, aun en un contexto de crecimiento económico general.
Ante esta situación, el ajuste fiscal se ha realizado principalmente mediante el gasto. La contención del déficit ha sido posible gracias a recortes en la inversión pública, a la moderación de las remuneraciones y a la reducción de las transferencias. Si bien esta estrategia ha permitido mantener la deuda bajo control, no constituye una solución sostenible a largo plazo, pues limita la capacidad del Estado para invertir en infraestructura, educación y desarrollo social.
La experiencia del 2025 deja una lección importante. El crecimiento económico, por sí solo, ya no es garantía de solidez fiscal. Lo que realmente importa es dónde ocurre ese crecimiento y quiénes participan de él. Mientras la expansión económica se concentre en sectores exonerados o en la informalidad, la recaudación seguirá rezagada y la presión fiscal recaerá sobre los mismos contribuyentes de siempre.
Costa Rica enfrenta así un desafío de fondo: lograr que el crecimiento económico sea más inclusivo desde el punto de vista tributario, sin comprometer la competitividad ni la generación de empleo. De lo contrario, el país puede seguir creciendo en los indicadores macroeconómicos, pero con finanzas públicas frágiles y cada vez más tensionadas.
El primer gráfico muestra quién impulsa el crecimiento de la economía en Costa Rica. Se observa que el mayor aumento del PIB proviene de las zonas francas, que crecen con mucha mayor fuerza que el resto de la economía. El régimen definitivo, en el que se encuentran la mayoría de las empresas nacionales, los comercios y los trabajadores formales, crece mucho más lentamente. La economía informal también genera actividad, pero de manera dispersa y sin un impacto estructural significativo. En resumen, el país sí está produciendo más, pero ese crecimiento se concentra en pocos sectores.
El segundo gráfico explica por qué ese crecimiento no se traduce en más impuestos. Aquí se ve que la mayor parte de la recaudación proviene del régimen definitivo, es decir, de las empresas y personas formales que pagan renta e IVA. Las zonas francas, aunque crecen mucho y aportan al PIB, pagan pocos impuestos gracias a las exoneraciones legales. La economía informal, aunque existe y genera ingresos reales, prácticamente no contribuye al sistema tributario. Por eso, aunque la economía crece, Hacienda recauda menos: el crecimiento ocurre donde no se cobra impuesto y los impuestos dependen de sectores que crecen poco.
Jorge Gutiérrez Guillén, CPA
Socio Fundador
JGutierrez Auditores Consultores S.A.
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